LA VOZ DE VICTORIA DEL CREYENTE

Edición Junio LATAM 2020

LA VOZ DE VICTORIA DEL CREYENTE - Revista publicada por los Ministerios Kenneth Copeland, disponible gratuitamente para personas que deseen suscribirse.

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la televisión y escuchar las noticias nacionales de última hora. La burbuja inmobiliaria había estallado, dijo el locutor. Los bancos ya no daban préstamos ni honraban algunos que ya habían sido firmados. Al entrar a la cocina, le comentó a su esposa lo que había sucedido. "No gastes otro centavo", le advirtió. La secuencia de eventos que se desencadenaría sería una hilera de fichas de dominó en caída. Tom perdió su negocio, sus riquezas y su hogar. Su hijo se mudó y su esposa solicitó el divorcio, dejándolo a cargo de una hija de 4 años. Peor aún, otros cinco constructores en el área resolvieron sus problemas financieros a manos del suicidio, relata Tom. "Estoy muy agradecido por John Copeland y algunos de mis amigos cercanos a través de KCM por unirse a mí y alentar mi fe." Sin regreso "Conocía a los cinco hombres; tres de ellos eran buenos amigos", recuerda Tom. "Sospecho que yo tenía un poco más de solvencia. Los bancos simplemente dejaron de prestar dinero y la gente dejó de comprar casas." Fue un momento muy oscuro en la vida de Tom, pero nunca consideró darse por vencido. "La fe había sido plantada en mí desde muy temprana edad, y era inconcebible dejar de creer en las promesas de Dios", nos comparte Tom. "En 1973, cuando tenía 3 años, mis padres nacieron de nuevo. Nos mudamos a Nueva Orleans, donde mi padre asistió a un seminario bautista. Allí fue que descubrió el Templo de la Palabra de Fe. El pastor era el hermano Charles Green. Él estaba, y continua estando, cerca de Kenneth Copeland. Siempre fuimos colaboradores de KCM. Crecí escuchando y luego viendo sus programas de TV." "Algo le sucedió a mi madre un año después de nuestra llegada. Casi de la noche a la mañana, pasó de ser normal a no poder levantarse ni caminar. Ella sufrió un dolor insoportable. Un domingo por la mañana estábamos en la iglesia con papá cuando el pastor Green anunció que si alguien necesitaba sanidad debían llevarlos a la iglesia esa noche, porque Dios le había dicho: los sanaré." Una cosecha de milagros "Subí tres tramos de escaleras y bajé por una pasarela para llegar a nuestro departamento y decirle a mi madre que iba a ser sanada. Papá, mi tía y mi tío la pusieron en una silla de ruedas y salimos hacia la iglesia. Hubo un llamado al altar donde el Pastor Green y el pastor asociado, Garland Pemberton, le impusieron las manos." "Recuerdo haber visto a mi madre levantarse de la silla de ruedas. Entonces ella comenzó a caminar. Lo siguiente fue que ella corría hacia nosotros. Desde ese día en adelante, una semilla de fe fue plantada en mi corazón. Nunca he dudado de que Dios era real o que Él sana." "Poco después papá fue a China con Nora Lam, quien escribió 'El lamento de China' (China Cry). Él regresó con historia tras historia de milagros. No podía parar de escucharlo. Una vez, mi hermana y yo fuimos con papá a Alabama, donde él debía predicar. Cuando nos fuimos para regresar a Nueva Orleans, papá dijo: 'omas, quiero que tú y tu hermana se arrodillen y oren. No nos dieron una ofrenda de amor y el tanque de gasolina está casi vacío. Necesitamos gasolina para el viaje'. Oramos y manejamos toda la noche para llegar a casa. Nunca nos detuvimos por gasolina." "He visto a mi papá conducir a través de una inundación. Teníamos agua hasta el capó. "omas", dijo: "Niños, necesito que oren." El agua se filtró a través de las puertas e inundó el piso. Un hombre en una canoa remaba y papá bajó la ventanilla y habló con él. El motor nunca se ahogó ni se detuvo." "Estas son solo algunas historias de mi infancia. No se puede presenciar ese tipo de cosas sin saber que Dios siempre te ayudará a atravesar los tiempos difíciles." Uno de los momentos más cruciales de su vida ocurrió cuando Tom tenía 14 años y sus padres se divorciaron. "Aunque sabía que papá era duro conmigo y había contribuido al divorcio, también sabía que tenía que estar cerca de la unción en su vida", recuerda Tom. "Mientras mis tres hermanos se mudaron a California con mi madre, yo me quedé con él. No fue fácil, pero nunca me arrepentí. Hasta el día de hoy, no conozco a nadie que haya sanado a más personas en su ministerio que mi padre." Cuando Tom tenía 14 años, los cazatalentos universitarios ya estaban dando vueltas. Tom era un corredor rápido. Había posibilidades de becas universitarias y una gran esperanza de que compitiera en los Juegos Olímpicos de 1988. Ese sueño se vino abajo cuando el padre de Tom se mudó a Long Beach, Mississippi, y luego quedó a cargo de una iglesia en Indiana. Sin el apoyo de su equipo o su entrenador, no tenía la ayuda que necesitaba. Fue entonces cuando cambió el objetivo de su vida y se unió a la Marina. Dios se hace cargo de las armas biológicas Justo antes de que el presidente Bill Clinton asumiera el cargo, Tom había sido asignado a Okinawa, Japón. Un día mientras se preparaba para ir a trabajar, notó que se le estaba cayendo el pelo. Distintas erupciones cubrían sus brazos y piernas. Peor aún, le dolían los huesos y sufría de una fatiga debilitante.

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