LA VOZ DE VICTORIA DEL CREYENTE

Edición Noviembre LATAM 2019

LA VOZ DE VICTORIA DEL CREYENTE - Revista publicada por los Ministerios Kenneth Copeland, disponible gratuitamente para personas que deseen suscribirse.

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8 : LV V C mento, los dos llegaron a un acuerdo, oraron y le dijeron al Señor que no interrumpirían el embarazo. Durante el servicio de sanación, una mujer tocó la espalda de Jessica y le dijo: "No te conozco, pero siento que el enemigo te está atacando. ¿Conoces el Salmo 91?" "No." Eso fue todo lo que dijo la mujer. El mensaje predicado esa noche confirmó su resolución. Más tarde llamaron a Jessica al frente, donde los ministros la ungieron con aceite y oraron por ella. "Sabíamos que habíamos recibido nuestro milagro", comenta Jessica. "El lunes fuimos al hospital para una ecografía. Esperábamos que el ultrasonido mostrara líquido amniótico en mi útero. Eso documentaría nuestro milagro. En cambio, las cosas habían empeorado. La cantidad de líquido amniótico ni siquiera era medible." "No recomendamos continuar con el embarazo", explicó el médico por segunda vez. "Hemos decidido continuar con el embarazo", respondió Joe. "Necesito saber por qué", preguntó el médico. "Ya nos ha dicho que no hay nada que pueda hacer", respondió Joe. "No hay nada que podamos hacer, por lo que hemos decidido poner nuestra fe en Dios." "Independientemente de su fe, no pueden cambiar el hecho de que la bolsa de agua de su esposa se rompió en la semana 19", replicó el médico. "No íbamos a compartirles este detalle porque habían decidido interrumpir el embarazo. Pero ahora, queremos que sepan que su hijo tiene los indicadores del Síndrome de Down." Camino a casa, Jessica se derrumbó en llanto, sollozando sin control. Ella no quería hablar con nadie más que con su pastor. "Nuestro pastor vino a visitarnos y le contamos todo", relata Joe. "Nos dijo: 'No se equivoquen, están en una batalla espiritual. Estaremos peleando con ustedes. Pero puedo decirles que, cuando estoy con Dios, realmente creo que estoy en ese 3% de posibilidades." Jessica permaneció en reposo estricto en su cama, con órdenes de llamar al 911 a la primera señal de sangrado. "Empecé a leer y a confesar el Salmo 91 mañana y noche", recordó. "También comencé a escuchar a Dios puede Vida y Muerte Ni Joe ni Jessica habían oído hablar de los Ministerios Kenneth Copeland. Pero una compañera de trabajo de Joe, una creyente aguerrida, era colaboradora de KCM. Cuando se enteró de su situación, el Señor le dio pasajes de las Escrituras para compartir con la pareja; una de las referencias era Jeremías 1:5: «Te conocía aun antes de haberte formado en el vientre de tu madre;antes de que nacieras, te apartéy te nombré mi profeta a las naciones.» (Nueva Traducción Viviente). Cuando la compañera de trabajo los llamó para compartirles las citas bíblicas, Joe cortésmente le dijo a la mujer: "Gracias, pero ya hemos programado un aborto." La mujer colgó en medio de un llanto y el Señor le dio dos instrucciones adicionales. Primero, le dijo que los animara a asistir a un próximo seminario de sanación en su iglesia. Luego, le dijo que les diera a Joe y Jessica una serie de cintas de Gloria Copeland titulada: Dios puede cambiarlo – (God Can Turn It Around). Tres días antes de la cirugía, Jessica estaba en reposo estricto. Mientras trataba de quedarse quieta, el bebé no cooperaba. Seguía moviéndose, poniendo en evidencia su presencia. Joe nunca había experimentado algo tan sombrío. Ese era su hijo. ¿Cómo hubiera sido su aspecto físico?, se preguntó. El teléfono sonó. Eran algunos miembros del grupo de vida de su iglesia. "¿Podemos ir a su casa?", preguntó la persona al otro lado del auricular. "Claro", respondió Joe. "Ábrenos. Estamos abajo." Tomando una posición "Acabamos de finalizar el primer día del servicio de sanación de dos días en la iglesia", explicó uno de los visitantes. "El tema central giró en torno de abortos involuntarios y embarazos. Cuando terminó, nos sentimos guiados a venir a visitarlos. Creemos que deberían estar presentes mañana por la noche." A pesar de estar en reposo, Jessica y Joe decidieron asistir al servicio de sanidad la noche siguiente. En el camino, Jessica le dijo a Joe: "Siento que tenemos un as en nuestra manga." "¿A qué te refieres?" "Independientemente de lo que escuche- mos, veamos o sintamos esta noche, debe- mos confiar en que hemos recibido nuestro milagro y cancelar el aborto." En ese mo- habíamos enfrentado a algo semejante." "Su doctora la derivó para una consulta en el Hospital de Mujeres de Columbia Británica", relata Joe. "Su Departamento de Medicina Neonatal maneja todos los embarazos de alto riesgo en el oeste de Canadá. Después de una ecografía adicional, nos reunimos con dos médicos. La primera, que acababa de convertirse en médica y todavía estaba en formación, parecía como si irradiara luz. Cuando escuchó los latidos del corazón del bebé, expresó: '¡Qué bebé tan hermoso y saludable!'" Acto seguido, el otro, un médico más experimentado, les dijo: "La ecografía revela que sólo tienes el 2,5% de tu líquido amniótico. En este centro no recomendamos continuar un embarazo a menos de que exista un 10%. Sufres de una afección denominada placenta previa. Eso significa que tu placenta está unida en el lugar equivocado y que la misma cubre tu cuello uterino. Si comienzas con trabajo de parto, corres el riesgo de desangrarte." "El treinta por ciento de la placenta ya está desprendida", continuó el médico. "Seguirá desprendiéndose y hay un gran coágulo de sangre detrás de la misma. Tu hijo está recibiendo un 30% menos de nutrientes y oxígeno de lo necesario. Si llegaras a completar el término del embarazo, algo que no sucederá, él solamente tendría un 15% de posibilidades de supervivencia y solo un 3% de posibilidades de nacer sano y normal. Podría tener los pies deformes, deformidades faciales, nacer ciego, sordo y estar confinado a una silla de ruedas y depender de un suministro de oxígeno de por vida. Sus pulmones no pueden crecer y podría asfixiarse sin oxígeno." Finalmente llegaron las palabras más desgarradoras: "Recomendamos una interrupción clínica del embarazo", dijo el médico. "¿Tienen familiares con los que puedan comunicarse?" Sorprendido e incrédulo, Joe respondió: "No tenemos familia en Canadá, pero tenemos familia en la iglesia." "Tenemos un equipo en espera para dar comienzo al procedimiento", continuó el médico. "¿Necesitan 15 minutos a solas?" "No", respondió Joe. "Tenemos que ir a casa y orar." En casa, Joe y Jessica oraron por dirección. Después de hablar con sus dos familias, llamaron y programaron el procedimiento para la siguiente semana.

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