LA VOZ DE VICTORIA DEL CREYENTE

Edición Noviembre LATAM 2022

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LV V C : 5 por Melanie Hemry Mientras jugaban, Charles se pasó las manos por el pelo, preguntándose cómo había tomado ta ntas ma las decisiones. Como empresa rio, había sido socio de clubes nocturnos en Arizona. Los clubes le proporcionaba n un buen f lujo de ingresos. Sin embargo, después de que él y Angela se casaran y tuvieran a Parris, se dio cuenta de que la vida de propietario de un club nocturno causaba estra gos en una fa mi lia . Angela y Parris vivían a la luz del día. El día de Charles comenzaba con el crepúsculo. Poniendo a su fa mi lia por encima de su trabajo, se había alejado del negocio. Él y Angela habían hecho ma letas y se habían mudado a California. Al fin y al cabo, nunca había tenido problemas para encontrar un negocio. Hasta ahora. Sin ingresos, cada día se endeudaban más. Sus autos estaban embargados. Su atraso en el pago de impuestos había resultado en embargos de todas sus cuentas bancarias por decisión de la agencia de recaudación de impuestos (IRS) y el estado de Arizona. Incluso después de mudarse con los padres de Angela, no tenían dinero ni para comprar pañales. Lo que sí tenían era un montón de estrés, ya que se habían declarado en quiebra. La mayoría de las personas que se declaran en quiebra logran salir de la bancarrota sin deudas. Ese no fue el caso de Charles y A ngela. Los impuestos atrasados no podían ser eliminados a través de la bancarrota. Tampoco los préstamos estudiantiles. El estrés destruyó su matrimonio y en el año 2000 se divorcia ron. Cha rles se sentía todo un fracaso. Sus padres se habían divorciado y vuelto a casar tres veces cada uno. Había odiado tanto esas experiencias que había jurado que nunca se divorciaría. De repent e, u n g r it o desga r ra dor cor t ó el aire. Su hija había caído de cabeza al suelo haciendo un chasquido repugnante. En la sala de urgencias, Charles se paseaba junto a Paris. No había sido capaz de mantener a su familia. Ahora no había sabido proteger a su hija. C u a n d o A n g e l a l l e g ó a l h o s p i t a l , l e s comunicaron el parte médico. Parris se había fracturado el cráneo y tenía líquido en el cerebro. No estaban seguros de que fuera a salir de esta. Charles y Angela se miraron con caras de agonía. Habían perdido sus finanzas, sus autos, su casa y su matrimonio. ¿Perderían también a su hija? Charles Todd escuchó la risa alegre de su hijita Parris, de dos años de edad. Se había subido a la espalda de uno de los amigos de Charles y fingía estar en un gimnasio en la selva. TOTAL Restauración

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