LA VOZ DE VICTORIA DEL CREYENTE - Revista publicada por los Ministerios Kenneth Copeland, disponible gratuitamente para personas que deseen suscribirse.
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tres nombres serían elegidos para la compra. Sus nombres f ueron eleg idos en segundo lugar. Un día, Charles recibió una llamada del IRS. "Tienes que solucionar esta deuda impositiva", le dijo la mujer. "Le prometo que le tendré el dinero en 30 días", respondió Cha rles. No tenía ni idea de cómo lo haría. Oraron por el dinero. Poco después, descubr ieron que en el a ño t ra nscu r r ido desde que compraron su condominio, los precios de los inmuebles se habían disparado. Su patrimonio se había duplicado. Pidieron un préstamo hipotecario y pagaron sus deudas estudiantiles. Charles entró en la oficina del IRS 29 días más tarde desde la llamada y le entregó a la mujer un cheque de seis cifras. Ella lo miró como si nunca hubiera visto nada parecido. "Es la primera vez en 18 años que alguien cumple su palabra cuando dice que va a pagar", le dijo a Charles. "Haz una copia del cheque y pégala en tu cubículo", sugirió Charles. "Te recordará que todavía hay gente que cumple su palabra." Un año después, el condominio se les había quedado pequeño. Sin decírselo a Ángela, Charles hizo un depósito para una casa más grande. Cuando le dio la noticia, ella lloró. "¿Cómo podemos comprar algo así?" " Ve n d e r e m o s e l c on d om i n io y destinaremos ese dinero a la nueva casa", le explicó Charles. E s e a ño, m ient r a s a s i s t í a a l a C o n v e n c i ó n d e C r e y e n t e s d e l a Costa Oeste de KCM en Ca lifornia, el Señor le habló a Angela: No vendas tu condominio, siémbralo. Úsalo para bendecir a las personas que necesitan un lugar para quedarse. Esta vez fue Cha rles quien ca si lloró. ¿Cómo podrían hacer eso? S ó l o h a b í a u n a r e s p u e s t a : Requerirían de fe. Cua ndo se muda ron a su nueva casa, Charles y Angela lo dejaron todo en su apartamento. Sólo se llevaron la ropa y los objetos personales. Ra ra vez había un día en que el condominio estuviera desocupado. A veces, personas con dificultades apareció el nombre de Creflo Dollar. "No teníamos ni idea de quién era", dice Charles, "pero decidimos volar a Georgia para asistir a una de sus reu n iones. Nos conect a mos y nos convertimos en colaboradores. Pedí t oda s la s en seña n za s que of recía sobre finanzas. Nos sumergimos en la Palabra." "Eso cambió nuestras vidas. Cambió la forma en que veía mos nuestra s f ina nza s. Ca mbió lo que creía mos sobre el dinero. Nos llevó a un lugar donde estábamos diezmando y dando ofrendas. Fue un punto de inf lexión milagroso." La llamada del IRS Decididos a a seg ura rse ing resos financieros, Charles aceptó un trabajo en una empresa panadera. Trabajando en el sector inmobiliario comercia l, Angela inició un negocio como el brazo de marketing para varias empresas de ingeniería . Estaba ta n ocupada que después del t rabajo d ia r io de Charles, él pasaba las tardes y noches ayudándola. Con el tiempo, Angela necesitó la ayuda de Charles a tiempo completo. "Esto es lo que creo que deberíamos ha cer ", d ijo Cha rles. Habla ron de cambiar el negocio de una empresa de marketing a tener su propio personal interno y convertirse en una empresa de ingen ier ía . Un día , dura nte un p a s e o , A n ge l a e s c uc hó a l S e ñor confirmarles esa decisión. A través de Creflo Dollar, Charles y Angela se enteraron de las diferentes C on v e n c i on e s d e C r e y e nt e s q u e s e c e l e br a b a n c a d a a ñ o p or l o s M i n i s t er ios Ken net h Copel a nd y empezaron a asistir. Escucharon las enseña nza s de Kenneth Copela nd, Jerry Savelle, Jesse Duplantis, Keith Moore y Bill Winston, y fina lmente decidieron colaborar con cada uno de esos ministerios. P r o n t o , e l n u e v o n e g o c i o l e s proporcionó una forma de comprar su pequeño condominio. La competencia era ta n dura que había un sistema de lotería para conseguir uno de los nuevos condominios. Cuando llenaron los papeles, más de 300 personas ya habían presentado su solicitud. Sólo Hacer las cosas a la manera de Dios "A n gela y yo éra mos cr i st ia nos denominacionales", admite Charles. "Durante nuestro matrimonio, había- mos calentado las bancas. Es increíble cómo todo eso puede cambiar cuando tu hija de 2 años sufre una fractura de cráneo con pronóstico reservado. Nos pusimos a buscar a Dios en serio." "Juntos, ora mos pa ra que Pa rris viviera y se recuperara. Al cabo de un par de días, le hicieron otra tomografía. No pudieron detectar la fractura cra- neal. No había ningún signo de lesión. Estaba completamente sana y restau- rada." Aunque se alegraron de la milagrosa sanidad de su hija, Charles y Angela s e g u í a n p r e o c u p a d o s p o r c ó m o pa g a r í a n l a c uent a de l ho s pit a l . P e r o f u e e n e s e m o m e n t o q u e experimentaron un segundo milagro. "No teníamos seguro médico en ese momento", recuerda Charles, "pero el hospital nunca nos envió una factura. Jamás." "Incluso después de que nuestro matrimonio se desmoronara, nunca creí que se hubiera acabado. Mi madre se había convertido en una poderosa cristia na y oraba pa ra que nuestro matrimonio se restaurara. Sospecho que también tenía a todas sus amigas orando por nosotros." "Eso puede haber influido en lo que ocurrió. La sema na en que nuestro divorcio fue definitivo, empezamos a salir. La sanidad de Parris y el milagro de la factura del hospital fueron dos cata lizadores que nos impulsaron a volver a casarnos. Dos años después de nuestro divorcio, el 25 de abril de 2002, nos casamos por segunda vez." " Q u e r í a m o s h a c e rl o bi e n e s t a ve z , a s í que f u i mo s a ver a u n a consejera cristiana. Ella nos dio las her ra m ient a s pa ra comu n ica r nos con ef iciencia . Pen sé que, si est e m a t r i m o n i o i b a a f u n c i o n a r , tendríamos que hacerlo a la manera de Dios, incluso en nuestras finanzas. El problema era que no teníamos idea de lo que eso significaba. Nunca nos habían enseñado lo que dice la Biblia sobre las finanzas." L os Todd busca ron en Int er net quién enseñaba finanzas bíblicas, y 6 : LV V C

