LA VOZ DE VICTORIA DEL CREYENTE

Edición Febrero 2025

LA VOZ DE VICTORIA DEL CREYENTE - Revista publicada por los Ministerios Kenneth Copeland, disponible gratuitamente para personas que deseen suscribirse.

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Una vez instalados, Robin y Víctor se pusieron en contacto con un abogado de inmig ración de la zona de Seattle. La mayoría de los expertos con los que habla ron Víctor y Robin les dieron el mismo consejo: "Piensen cómo pasar al menos los próximos 18 meses separados." "De ning una ma nera", dijo Robin. " S omo s gent e de fe. Cr e emo s que ser vimos a l Dios Todopoderoso, que lucha sobrenatura lmente a nuestro favor." Un Viaje de fe El viaje de fe de Víctor y Robin había tenido diferentes comienzos. La familia de Víctor emigró a Canadá desde Por tuga l. Su madre tuvo que acompañarlo a la guardería porque no hablaba inglés los primeros años de su vida. "Me crie en una fa mi lia católica", explica Víctor. "Mi infancia fue interesante porque mis padres dirigían una residencia pa ra personas con discapacidad menta l, como esquizofrenia y tra storno bipola r. Ellos vivían en los dos pisos superiores y nosotros en el principal." "Participábamos activamente en la Iglesia católica", recuerda Víctor, "pero mi madre intuía que había a lgo má s". A principios de los '90, descubrió a KCM. Veía mos el programa La Voz de Victoria del Creyente en la televisión. Yo tenía unos 14 años y vivíamos en Winnipeg, cua ndo Kenneth Copela nd celebró un evento en la ciudad. Fue entonces cuando empezamos a aprender a vivir por fe." "Mi infancia también fue interesante", dice Robin, "porque mis padres recibían a niños de hogares de acogida. Al igual que Víctor con los discapacitados mentales, eso desarrolla tu compasión. Un año, mis padres hicieron un viaje de aniversario a Fiyi." "Se enamoraron de la gente. La isla es un país en desarrollo. Las únicas g uarderías disponibles eran para los hijos de las familias i n m i g r a nt es m á s r ica s. Muchos de los niños locales, incluso en edad preescolar, se quedaban solos en casa mientras sus padres trabajaban unas 18 a 20 horas diarias." En aquella época, Robin era profesora de primaria. "Mis padres me llamaron durante mis vacaciones de verano y me contaron lo que estaba ocurriendo con los niños fiyianos", explica. "Me pidieron que fuera a ver si podía LV V C : 1 1 ayudar. Yo también me enamoré de la gente, así que renuncié a mi trabajo y me fui a Fiyi a ayudar a escribir el plan de estudios y crear una escuela." "Mientras estaba en Fiyi, descubrí que tenía un don como diseñadora gráfica. No fue hasta que conocí a Víctor y me casé con él cuando su madre me presentó a KCM. A través de ellos, aprendí lo que decía la Biblia sobre el trabajo que añade tristeza. Le pedí a Dios que me ayudara a usar mi don para el Reino. Fue entonces cuando se me abrió la puerta para trabajar en KCM Canadá. Ahora iba a hacer falta toda nuestra fe para volver a unir a mi familia." Aunque había conocido a los pastores George y Terri Pearsons durante su estancia en Canadá, Robin no esperaba que se acordaran de ella. Pero lo hicieron. "¿Qué pasa con tu marido?" le preguntó la pastora Terri. "Dime lo que no sé pa ra que podamos orar al respecto." El pa stor George se les unió y preg untó: "Estás casada, ¿verdad?" Robin pensó que era una pregunta extraña porque él sabía que ella estaba casada. Luego se dio cuenta de que la preg unta iba en otra dirección. "Sí, estoy casada." Mirándola a los ojos, le dijo: "Lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre." La unción sobre esas palabras era palpable. "El pastor George me dio mi punto de apoyo", recuerda Robin. "Eso era todo lo que necesitaba. Cada vez que el diablo intentaba burlarse de mí, yo le repetía esas palabras." Víctor llamó con la noticia de que le habían prohibido venir a los Estados Unidos por espacio de cinco años. Había vivido muchas batallas en mi vida, pero nada parecido." "

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