LA VOZ DE VICTORIA DEL CREYENTE - Revista publicada por los Ministerios Kenneth Copeland, disponible gratuitamente para personas que deseen suscribirse.
Issue link: http://read.uberflip.com/i/1532828
6 : LV V C volv ió indescriptiblemente a ma rga . De hecho, "amargura" es la definición de la raíz hebrea de la palabra maldición. D udo que A d á n se d ier a c uent a de inmediato de todo lo que había sucedido, pero con el paso del tiempo debió caer en cuenta de su magnitud. Debió pensar: Señor, ¡la semilla de todo lo que hay en la Tierra es amarga! ¡Mi propia semilla es amarga! ¿Cómo podrá algo en la Tierra volver a ser puro? Dios, ¿cómo podré volver a ser tu amigo? Adán no tenía ni idea. No sabía cuál era el plan de Dios. Era un misterio oculto en Dios desde antes del principio del mundo (1 Corintios 2:7). Sin emba rgo, desde el primer momento en que la maldición cayó sobre la Tierra, Dios empezó a hablar de la Redención. Allí mismo, en el Jardín del Edén, después de que Adán pecara, Dios se dirigió al diablo y le dijo: «Haré que tú y la mujer, sean enemigas… Un hijo suyo te aplastará la cabeza» (Génesis 3:15) Dios hizo lo imposible El mismo diablo debió preguntarse cómo encontraría Dios a tal hombre. Al fin y al cabo, toda la raza humana estaba bajo su señorío demoníaco. Todos eran pecadores. No pod ía n vencer a l d iablo. Era n sus esclavos. A través de su pecado, todos eran herederos de la misma paga: amargura y muerte eterna. Por supuesto, conforme el sistema de justicia del Pacto de Dios, si Dios pudiera encontrar un hombre puro, la sangre de ese hombre podría ser derramada por el resto de la humanidad. Podría convertirse en su sustituto y recibir su castigo. Sin embargo, Dios no tenía ning una semilla pura en la Tierra con la cual producir ese hijo. Ni siquiera podía empezar desde cero para formar un nuevo Adán del polvo de la Tierra, porque el polvo mismo estaba m a ld it o y er a i mpu ro. ¿C ómo p o d r í a Dios encontra r sa ng re huma na ajena a la a ma rg ura de la ma ldición? Era a lgo imposible. O así lo aparentaba. Pero Dios abrió un camino. Visitó a una joven llamada María y le declaró Su PALABRA. Ella la creyó, y esa PALABRA la compenetró. «Y la Palabra se hizo carne, y habitó entre nosotros, y vimos su gloria (la gloria que corresponde al unigénito del Padre), llena de gracia y de verdad.» (Juan 1:14). Jesús, la PALABRA Misma, nació como Hijo de Hombre e Hijo de Dios, puro y sin pecado. No había amargura en Él, ni rastro de la maldición. Él pasó cada prueba de tentación en la que Adán había fallado. Vivió como un hombre libre. La muerte no podía tocarlo. Pero, después hizo lo impensable. «Y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo y se hizo obediente h a s t a l a muer t e , y muer t e de cr u z . » (Filipenses 2:8). Jesús ya era libre. No tenía que hacerlo. Pero eligió hacerlo «para que por medio de la muerte destruyera al que tenía el dominio sobre la muerte, es decir, al diablo, y de esa manera librara a todos los que, por temor a la muer te, toda su vida había n estado sometidos a esclavitud» (Hebreos 2:14-15). Vivir en la dulzura del Cielo ¡Eso es lo que sucedió en la Cruz! Jesús nos redimió de la esclavitud de la maldición al convertirse en maldición por nosotros (Gálatas 3:13). Él no sólo pagó el terrible precio por lo que Adá n h i zo, si no que rompió el poder de la maldición y destruyó Él nos abrió de nuevo la bondad del Edén." Jesús quitó la autoridad de la amargura y liberó LA BENDICIÓN –la dulzura del cielo– ¡de nuevo en la Tierra!... "

